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Hace una semana se cerró el primer call de la nueva línea de financiación europea, SME Instrument Phase 1. Se trata de un intento de la Comisión Europea para impulsar empresas de base tecnológica en crecimiento a fin de que puedan lanzar un producto al mercado, a diferencia de los anteriores programas europeos que priorizaban los proyectos de I+D independientemente de su comercialización.

Las ayudas, que consisten en subvenciones a fondo perdido, permiten la solicitud de forma individual o en consorcio de empresas de diferentes países de la Unión Europea. Desde Intelectium siempre tuvimos claro que el éxito pasaba a través de los proyectos en Consorcio. Sin embargo, las estadísticas que publicó la CE la semana pasada fueron sorprendentes: de las 2666 propuestas, más del 50% se realizaron en solitario.

En una call con tanta competencia, tan sólo 164 de esas 2666 solicitudes recibirán financiación, la excesiva confianza de esas más de 1300 Pymes que decidieron acudir en solitario puede revelarse un error. Por este motivo, queremos ofrecer razones a favor de los consorcios empresariales a fin de responder a algunos de los miedos y reticencias más comunes que nos presentan los emprendedores.

1. Un consorcio da solidez a la propuesta

La formación de un acuerdo de colaboración entre dos o más empresas es un trabajo de planificación, diálogo y diseño del proyecto que se inicia mucho antes de elaborar la documentación de la solicitud. Un proyecto en consorcio denota una dedicación al proyecto que supera el mero interés a acceder a la línea de financiación que se esté solicitando. Demuestra una voluntad por formar un proyecto sólido en el que, las diferentes empresas se complementen en sus funciones de desarrollo y comercialización para llevar a cabo el mejor proyecto posible. Y es justamente esto lo que se busca potenciar con las ayudas a la financiación de proyectos de I+D.

2. Un consorcio asegura la viabilidad del proyecto

Del mismo modo que una empresa liderada por un solo emprendedor ofrece menos confianza respecto a su viabilidad, ya que es posible que cualquier imprevisto pueda alejarle del negocio, un proyecto realizado por una sola empresa denota mayores riesgos. La empresa puede verse afectada por un revés económico que le impida llevar a cabo el proyecto y la coloque en una situación difícil a la hora de justificar la inversión de la ayuda concedida. Un proyecto en consorcio asegura la viabilidad, en tanto que el riesgo se diluye entre las diferentes partes, aliviando las preocupaciones del analista sobre la viabilidad de la propuesta y ofreciendo mayores ratios de éxito para conseguir la financiación.

3. Un consorcio no significa renunciar a la propiedad industrial del producto

Muchos emprendedores son reticentes a formar consorcios por miedo a que esto implique una cesión de los derechos sobre el producto final, argumentando que su equipo está más que cualificado para conseguir los resultados sin necesidad de que otra empresa se involucre. Sin embargo, esto se debe a que el concepto de consorcio se malinterpreta al pensar que se trata de unir a dos empresas con expertise similar. Un consorcio es un acuerdo de colaboración que se basa en la complementariedad. El líder del proyecto puede ser experto en el desarrollo de software pero no en el hardware que será esencial para el producto final. O quizá no sea capaz de generar por sí mismo la tracción comercial necesaria para materializar la previsión de ventas.

Un consorcio formado con el objetivo de la complementariedad no pondrá nunca problemas en relación a la IP del producto, ya que las funciones estarán delimitadas desde el inicio y el reparto de los beneficios nunca requerirá una cesión de derechos. A saber, la parte comercial puede recibir un porcentaje respecto a las ventas que ha liderado, mientras que una empresa que ha colaborado en el desarrollo pero no en el core del producto puede recibir un pago a modo de subcontratación.

4. Un consorcio dinamiza la actividad de la empresa

La colaboración siempre ha sido uno de los mejores motores de avance, en tanto que amplía las posibilidades del proyecto para que se convierta en una propuesta de I+D realmente innovadora y que no se quede en un proyecto destinado a mejorar la competitividad actual de la empresa, sin interés por mejorar el estado del arte de la tecnología. Sin embargo, tiene un efecto que desde Intelectium hemos observado con frecuencia, un proyecto de I+D es el mejor catalizador para que nazca un segundo proyecto, una nueva idea. La colaboración permite a los emprendedores superar sus ideas preconcebidas sobre el futuro de su negocio y diseñar estrategias innovadoras que les permitan diferenciarse y conseguir resultados.